Los salmones son unos peces increíbles que realizan una de las migraciones más extraordinarias de la naturaleza. Nacen en los ríos de agua dulce, pero viven la mayor parte de su vida en el océano, donde crecen y se alimentan. Cuando llega el momento de reproducirse, abandonan el mar y regresan al río donde nacieron, o a uno cercano, para poner sus huevos y morir.

¿Por qué migran los salmones?

Los salmones migran por instinto, es decir, por una conducta innata que les impulsa a buscar el lugar más adecuado para asegurar la supervivencia de su especie. Los ríos de agua dulce ofrecen un ambiente más protegido y menos salino para el desarrollo de los huevos y las crías, mientras que el océano les proporciona más alimento y espacio para crecer.

¿Cómo es la migración de los salmones?

La migración de los salmones es un viaje largo y difícil que puede durar varios años y recorrer miles de kilómetros. Los salmones nacen en los ríos, donde permanecen entre uno y dos años hasta que se transforman en smolts, una fase juvenil que les permite adaptarse al agua salada. Entonces, siguen la corriente del río hasta llegar al mar, donde se dispersan por diferentes zonas del Atlántico Norte o del Pacífico, según la especie.

En el mar, los salmones maduran sexualmente y adquieren un color anaranjado. Los machos desarrollan una mandíbula curva llamada pipa, que les sirve para luchar con otros machos por las hembras. Después de dos o tres años en el océano, los salmones sienten el llamado a volver al río donde nacieron para reproducirse. Para ello, deben orientarse por el olfato, las estrellas o el campo magnético de la Tierra.

La migración río arriba es la más dura y peligrosa para los salmones. Deben nadar contra la corriente, saltar cascadas y sortear obstáculos naturales y artificiales, como presas o redes de pesca. Además, deben enfrentarse a depredadores como osos, águilas o nutrias, que aprovechan su paso para alimentarse. Durante este trayecto, los salmones no comen nada y solo se sostienen por las reservas que acumularon en el mar.

Al llegar al lugar elegido para el desove, las hembras excavan un hoyo en la grava del fondo del río con su cola y depositan sus huevos. Los machos los fecundan con su esperma y luego cubren el nido con grava para protegerlo. La mayoría de los salmones muere después del desove por el agotamiento o las heridas. Solo algunos pueden repetir el ciclo una o dos veces más. Los huevos eclosionan al cabo de unos meses y dan lugar a una nueva generación de salmones.

¿Qué beneficios tiene la migración de los salmones?

La migración de los salmones tiene beneficios tanto para ellos como para el ecosistema. Para los salmones, migrar les permite aprovechar los recursos de diferentes hábitats y aumentar sus posibilidades de supervivencia y reproducción. Para el ecosistema, los salmones contribuyen a la transferencia de nutrientes entre el océano y los ríos, ya que sus cadáveres sirven de alimento a otros animales y plantas. Además, los salmones son una fuente importante de proteína para muchas comunidades humanas que dependen de su pesca.

La migración de los salmones es un fenómeno fascinante que muestra la capacidad de adaptación y resistencia de estos peces. Sin embargo, también es un proceso vulnerable a las amenazas que suponen la contaminación, el cambio climático, la sobrepesca o la alteración de los ríos por la construcción de presas o canales. Por eso, es necesario proteger y conservar los hábitats de los salmones para garantizar su futuro y el nuestro.

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